Miedo

 


Nos juntamos con Mauro, Brede, Juan y Seba Deacon a ver la elección presidencial en su segunda vuelta. Pensamos que estaría difícil pero no pensamos jamas que sería una paliza 58-42%.

Tratamos de pasar el trago amargo pero no pudimos. 

Cuando Kast asumió y en una semana tiró tantas cosas por la borda, me invadió una intranquilidad que nunca antes había sentido. Por primera sentí estar viviendo bajo un régimen autoritario. Que el asunto de las restricciones al CAE, el detenimiento de los comités de viviendas, la "revisión" a las 40 horas, el presunto fin de los feriados irrenunciables, la baja a los impuestos de las grandes empresas, la reducción de los presupuestos de todos los estamentos gubernamentales y otros descentralizados, el portazo a la sala cuna universal... Cuando vi todas esas cosas pasar en UNA SEMANA, me dije "se lo bancan. La gente pidió esto. Ahora se lo tragan sin chistar". Cuando me veo en una micro o en una fila con 3 personas, es correcto asumir que muy probablemente los otros dos votaron por Kast. Una mayoría abrumadora. Así que, de nuevo, se la comen con mayo.

Pero cuando vi que retiró de mesa 43 decretos ambientes, incluido el que protegía a los pinguinos de Humboldt, se me apretó el corazón. No daba crédito a la miseria humana que estaba leyendo.

Me prometí que no saldría a marchar cuando se perdieran los beneficios sociales conquistados. Y es algo que mantengo. Pero el tema medioambiental, la flora y fauna de este país, es algo que me toca de una forma distinta. Si hay gente que quiere marchar por sus derechos y protestar, que lo hagan sin mí. ¿Pero como protestan los animales? ¿Cómo se defiende una laguna? ¿El "ratoncito y la culebrita" sobre quienes Kast se refiere con tanto desprecio? Nada de eso se puede defender por sí mismo.

Por lo tanto, y no solo con el corazón apretado sino que también con algo de miedo, saldré a marchar el domingo que viene. 

No iré solo. Físicamente iré con Nancy. Pero en mi corazón estará el Mati, el más grande amante de la naturaleza que conozco. Voy por él, voy por mí, voy por los animales y los ecosistemas que ahora corren tanto peligro.

Es muy posible que mi marcha (y la de tantos otros que lleguemos el día de la cita) no tenga impacto alguno en estos nuevos gobernantes, que no son más que puercos sedientos de poder y ciegos ante el dinero. Pero prefiero morir sabiendo que marché a no haberlo hecho jamás. Quizás mi marchar ni siquiera signifique un grano de arena en una playa eterna, pero de todos modos marcharé. Mi corazón me dicen que debo hacerlo. Mi paz mental me obliga. 

Nos vemos en U Católica el domingo 22 a las 10 AM.

 

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